El gran falsificador, Mark Landis

Voy a incluir esta vez la biografía de un falsificador que me ha llamado   la atención debido a su forma de actuar. No se lucraba con su obra. Solo buscaba cierta notoriedad y el respeto y atención del personal de los museos a los cuales regalaba su obra.

Como datos básicos, Mark Landis es estadounidense, nacido en 1955 en  Norfolk, Virginia. Durante su infancia puede viajar a lo largo y ancho de todo el mundo debido a los destinos que la Armada daba a su progenitor. Tras el fallecimiento de su padre, siendo él adolescente todavía, sufre una crisis y es diagnosticado en Kansas de esquizofrenia aunque los trabajadores sociales sugieren  más  recientemente que el trastorno bipolar podría ser un diagnóstico más apropiado. Parte de su tratamiento incluye la arteterapia. Parece que  le gusta, porque más tarde  estudia arte en Chicago e incluso  abre una galería en San Francisco. Es un consumado artista capaz de producir falsificaciones a un ritmo extraordinario. Fracasa no obstante como ilustrador profesional.

Mark Landis (Creative Commons CC)

En 1988 vuelve a casa de su madre y dona una pintura falsa a un museo en memoria de su padre. Este va a ser el catalizador que lo impulsa a crear y donar obras de arte falsas: el homenaje a sus padres. “Tengo el don de ser un buen pintor y quise hacer algo de lo que ellos se sintieran orgullosos”. La pequeña notoriedad y el halago es suficiente pago por sus obras.  En cierta forma, no deja de ser una persona circunspecta en su manera de operar.

Mark Landis engañó a más de 40 museos en 20 estados de Estados Unidos en sus tres décadas de carrera como falsificador de arte.

¿Cómo era su forma de actuar? disfrazándose de filántropo o sacerdote , se presentaba en el museo con la obra bajo el brazo. Tal cual. No era especialmente buen técnico colorista. El mismo afirma que no se preocupaba por  los pigmentos usados en las pinturas. Iba al almacén de suministros y los compraba tras planificar una nueva obra.  Envejecía los sustratos con café o té. Leininger reconoce que Landis hizo buenas falsificaciones, pero que no resistían  un escrutinio minucioso.

Matthew Leininger, conservador jefe del Museo de Arte de Cincinnati. Le pisa los talones desde 2007, cuando Landis dona al Museo de Arte de Oklahoma City cinco obras falsas. Leininger comienza a reunir información para llenar las tarjetas en las pinturas recibidas de Landis, una formalidad requerida antes de que puedan entrar en la colección permanente. En una búsqueda rápida de imágenes realizadas sobre  una acuarela sin título de Paul Signac (1863-1935), Leininger descubre que el Savannah College of Art, en Georgia, tenía una idéntica, Al descubrir el fraude Leininger se pone en contacto con otras instituciones y comienza a juntar pruebas. Pero Landis sigue actuando.

Luz UV para detección de elementos ocultos en el documento.(fuente: propia)

Un día de septiembre de 2010 llega al Hilliard University Art Museum de Lafayette (Luisiana), vestido de jesuita y con un Charles Curtney Curran, después de mantener contacto por correo con su director explicándole que quiere donar esta obra para rendirle tributo a su madre, que era coleccionista y había fallecido días antes. No obstante, en este caso  la conservadora del museo Joyce Penn no tarda ni una hora en destapar que aquel Curran no es auténtico con una sencilla prueba. Tras pasarle por la luz ultravioleta y bajo la lupa del microscopio, la pintura desvela que se ha realizado sobre el patrón de puntos de una reproducción. El fraude hace pensar a Joyce Penn en otra operación de Landis. Investiga en sus archivos y allí encuentra una fotografía con el nombre de Mark Landis y el rostro del padre Arthur Scott: un año antes había tratado de donar otro cuadro en otra institución en la que ella había trabajado. A continuación, avisado el director del Museo,  hizo circular un e-mail a instituciones para advertir del engaño.

Los profesionales de los museos lo ven como un estafador, él se ve como un filántropo. Dice que no puede entender por qué los museos está molestos con su “afición” ya que afirma que sus donaciones son un tributo a sus difuntos padres y que son actos de buena voluntad. Que no obtiene ningún tipo de contraprestación.

 

Paul-Signac, izquierda-Mark-Landis, derecha (Creative Commons)

El FBI y la policía están al tanto de su actividad, pero no han presentado cargos ya que técnicamente no comete fraude porque no se ha  beneficiado económicamente de sus donaciones y tampoco reclamó deducciones de impuestos.

Su carrera como falsificador ha sido tan larga porque normalmente falsificaba a artistas importantes, pero menos conocidos. La segunda división de los grandes artistas, se podría simplificar.  Artistas con los que el personal de los museos tenía menos familiaridad. Podemos pensar que si hubiese intentado colar un Matisse, le habrían detectado en el minuto, ¿o no?

Análisis con cuentahilos de obras de arte – ART AND CRAFT Documentary Film Trailer © 2014 Oscilloscope Laboratories

Si no utilizó técnicas sofisticadas, si envejecía las obras con café rancio o con pigmento marrón claro, aunque las hiciese más creíbles falsificando recibos de casas de subastas y pegando etiquetas en sus traseras, ¿cómo no lo descubrieron antes? La facilidad con la que una simple inspección reveló el fraude hace cuestionar por qué tantas instituciones se dejaron engañar de una forma tan sencilla.  Pone en cuestión la voracidad de este tipo de museos por hacer un acopio de obras a coste cero y sus laxos sistemas de comprobación. Es una razón más para demostrar que los profesionales en arte y los peritos experimentados  son indispensables en las transacciones de arte, documentos de cierta edad o billetes antiguos, tanto a este nivel como en otros en principio menos importantes.

El Museo de Arte de Cincinnati montó una exposición con las falsificaciones de Landis. El promotor fue Leininger y la exposición se inauguró, a propósito, el 1 de abril, el Día de los Inocentes en EE.UU.

Landis fue el invitado de honor.

 

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